Jugar juntos durante unos minutos puede generar cambios medibles en la forma en que padres e hijos interactúan y se relacionan. Así lo concluye la nueva fase del estudio impulsado por Kinder, de Ferrero, y la Universidad del Este de Londres, que ha analizado el comportamiento de decenas de familias en entornos cotidianos mediante tecnología portátil y herramientas de aprendizaje automático. La investigación defiende la idea de que el juego favorece el bienestar emocional infantil y también actúa como un catalizador de la conexión familiar desde los primeros instantes de la interacción
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