Con motivo de la festividad de Sant Joan, el Gremio de Panaderos y Pasteleros de Valencia ha puesto en marcha, en colaboración con el Ayuntamiento de la ciudad, la séptima edición de su campaña de promoción dedicada a las tradicionales Cocas de Sant Joan. Bajo el lema “La nit més curta, el sabor més nostre” (la noche más corta, el sabor más nuestro), la iniciativa busca fomentar el consumo de estas elaboraciones mediterráneas en el comercio de proximidad, reivindicando el valor de la producción hecha a mano.
Durante estas semanas, los obradores artesanos ofrecerán una amplia variedad de referencias que conjugan tradición e innovación, abarcando desde la clásica opción alicantina de atún, cebolla y piñones hasta versiones creativas saladas (con embutidos, quesos o verduras asadas) y dulces (con cremas, frutas y frutos secos). La campaña, que arrancó con una sesión de exhibición y cata en las instalaciones de Dulmont a cargo de reconocidos profesionales del sector, mantiene el objetivo de acercar este producto identitario al público joven y consolidarlo como un imprescindible de la campaña estival.


La Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición, aprobada por el Gobierno en 2011, supuso un duro golpe para los pequeños comercios cuyo principal sustento era la industria de dulces y aperitivos, ya que el consumo de bollería industrial, golosinas y refrescos quedó prohibido en los colegios e institutos. “Se notó una bajada de la venta especialmente cuando prohibieron comer estos productos de impulso en los colegios. Yo lo sentí especialmente con los cumpleaños. Habitualmente, las madres me encargaban que hiciera bolsas de golosinas para los compañeros de clase de sus hijos. Podía llegar a vender cerca de 200 bolsas a la semana. Desde que se puso en marcha la Ley del Gobierno, estos ingresos prácticamente se perdieron por completo”, nos cuenta López.
“Las ventas han cambiado mucho en los últimos siete años. Antes era disparatada la cantidad de golosinas que se vendían. Desde 2011 las ventas han caído un 40%. Pero el verdadero problema se halla en que estas pérdidas no se han suplido con el aumento en las ventas de otros productos”, añade.
Este pequeño comercio, situado en el barrio del Infante, en la capital murciana, abrió sus puertas por primera vez en el año 1985. José lo abrió con la idea de que fuera su suegro el que se encargara de dirigir el negocio, ya que por aquel entonces él era comercial en la compañía Fiesta. Previamente,
había trabajado como repartidor para la empresa Galletas Gullón.
