La salud se consolida como el principal criterio de compra en la vuelta al cole para el 51% de los hogares con hijos escolares, situándose muy por encima de la practicidad (18%), las preferencias de los menores (17%) y el precio (11%), según el último barómetro de la plataforma GELT. Esta tendencia posiciona a la fruta, los snacks saludables, los lácteos y los yogures al frente de la cesta, presentes en el 58% de las compras, por delante de las opciones para el táper (46%) o los cereales y galletas de desayuno (44%).
No obstante, el estudio revela una notable brecha en el momento de la decisión: el 37% de los progenitores acaba negociando con sus hijos alternando productos (21%) o cediendo directamente a sus gustos (16%) cuando el alimento deseado no es saludable, mientras que un 49% busca alternativas de consenso. En términos presupuestarios, la mitad de las familias destina entre 20 y 100 euros específicos a la alimentación escolar y un 17% supera los 100 euros, si bien un 21% admite desconocer el importe exacto que invierte en estas compras.


La Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición, aprobada por el Gobierno en 2011, supuso un duro golpe para los pequeños comercios cuyo principal sustento era la industria de dulces y aperitivos, ya que el consumo de bollería industrial, golosinas y refrescos quedó prohibido en los colegios e institutos. “Se notó una bajada de la venta especialmente cuando prohibieron comer estos productos de impulso en los colegios. Yo lo sentí especialmente con los cumpleaños. Habitualmente, las madres me encargaban que hiciera bolsas de golosinas para los compañeros de clase de sus hijos. Podía llegar a vender cerca de 200 bolsas a la semana. Desde que se puso en marcha la Ley del Gobierno, estos ingresos prácticamente se perdieron por completo”, nos cuenta López.
“Las ventas han cambiado mucho en los últimos siete años. Antes era disparatada la cantidad de golosinas que se vendían. Desde 2011 las ventas han caído un 40%. Pero el verdadero problema se halla en que estas pérdidas no se han suplido con el aumento en las ventas de otros productos”, añade.
Este pequeño comercio, situado en el barrio del Infante, en la capital murciana, abrió sus puertas por primera vez en el año 1985. José lo abrió con la idea de que fuera su suegro el que se encargara de dirigir el negocio, ya que por aquel entonces él era comercial en la compañía Fiesta. Previamente,
había trabajado como repartidor para la empresa Galletas Gullón.
