Asempas y las pastelerías artesanas de Madrid vuelven a poner en valor el Pastel Autonómico, un dulce emblemático creado a finales de los 80 por el pastelero Pedro Blanco como homenaje a la región. Este postre, que recupera su protagonismo como símbolo de identidad, consiste en un bizcocho ruso de almendra relleno de crema diplomática con sabor a naranja, coronado por una gelatina de fresa y siete estrellas blancas artesanales que replican la bandera de la Comunidad de Madrid.
Con el objetivo de acercar esta tradición al público, los obradores asociados también ofrecerán el dulce en formato tarta como individual, incluyendo versiones aptas para celíacos. Además, el próximo 2 de mayo se llevará a cabo una degustación gratuita en el Centro de Turismo de Sol, reafirmando el compromiso del sector con la repostería artesana e inclusiva.


La Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición, aprobada por el Gobierno en 2011, supuso un duro golpe para los pequeños comercios cuyo principal sustento era la industria de dulces y aperitivos, ya que el consumo de bollería industrial, golosinas y refrescos quedó prohibido en los colegios e institutos. “Se notó una bajada de la venta especialmente cuando prohibieron comer estos productos de impulso en los colegios. Yo lo sentí especialmente con los cumpleaños. Habitualmente, las madres me encargaban que hiciera bolsas de golosinas para los compañeros de clase de sus hijos. Podía llegar a vender cerca de 200 bolsas a la semana. Desde que se puso en marcha la Ley del Gobierno, estos ingresos prácticamente se perdieron por completo”, nos cuenta López.
“Las ventas han cambiado mucho en los últimos siete años. Antes era disparatada la cantidad de golosinas que se vendían. Desde 2011 las ventas han caído un 40%. Pero el verdadero problema se halla en que estas pérdidas no se han suplido con el aumento en las ventas de otros productos”, añade.
Este pequeño comercio, situado en el barrio del Infante, en la capital murciana, abrió sus puertas por primera vez en el año 1985. José lo abrió con la idea de que fuera su suegro el que se encargara de dirigir el negocio, ya que por aquel entonces él era comercial en la compañía Fiesta. Previamente,
había trabajado como repartidor para la empresa Galletas Gullón.
